Cuando éramos chicos jugábamos un juego bastante estúpido, no sé si te acordarás. Era un verano en el que había llovido muchísimo y las calles de tierra estaban plagadas de pozos. El mal clima no nos impedía ir a la playa, pero sí nos obligaba a la creatividad. El juego era muy simple. Yo te llevaba en el manubrio de la bici y manejaba con los ojos cerrados. Vos tenías que ir indicándome “derecha”-“izquierda”, para que yo esquive los pozos. Al principio funcionaba bien. Tan bien que ambos asumimos, sin decirlo, que había que aumentar la velocidad. El resultado no sorprenderá a nadie. Lo que al principio era un espaciado: “derecha…….. izquierda……”. Se convirtió en un apretujado: “derecha, izquierda,izquier,dere,izq,derecha, no! la otra derecha!”. Y así nos íbamos al piso, desparramados entre charcos, bicicleta, risas y lluvia.
Pensaba que la base de ese juego es la confianza. Pero no esa confianza meramente externa a la que estamos acostumbrados en este patético mundo. Pues yo confié en vos guiando la bici y eso me trajo pésimas consecuencias. Pero no importó. Se trata de esa confianza que trae aparejada la asunción colectiva de los costos. La hermandad (como la pasión), cuando es deseada implica un poco de eso. Todo el mundo lo sabe, y cuando todo el mundo lo sabe es porque no hay doctrina, sino mera evidencia. Vos chocaste algunas bicis, yo choqué otras más grandes. Pero siempre estuvimos ahí, juntos.
Si en este punto, el escrito se vuelve absolutamente absurdo, es porque sencillamente lo es. La vida necesita de ese absurdo cortazariano. Sospecho que sino no es vida, sino otra cosa, misteriosa. La cultura popular, como casi siempre, lo entiende mucho mejor cuando grita en cualquier cancha, en cualquier esquina, en cualquier bar, eso de… en las malas mucho más.
Soy de los
que piensan que el mundo se divide en dos. De un lado aquellos/as que cuando
están a mitad de camino entre dos paradas de colectivo, se dirigen a la más
lejana a su destino final, del otro quienes optan por ir a la que se encuentra
más cercana al objetivo. Es sencillo: unos caminan hacia dónde viene el bondi,
otros hacia dónde va. Yo formo parte, sin dudarlo, del segundo grupo. Los de la
opción uno son gente fría, calculadora, racional, inteligente, pragmática, de
seguro exitosa, feliz. Los de la segunda somos aventureras, voluntaristas,
esquivos a las victorias, inseguros, ansiosas, impulsivos.
Las ventajas de la primer alternativa parecen evidentes. Caminar en sentido contrario a la dirección del colectivo significa mayores posibilidades de conseguir un asiento. Y en definitiva no atenta contra el tiempo final de viaje, pues uno asume que se subirá al mismo carro. La segunda opción no tiene mayor sentido. A nuestro favor, si uno decide tomar un colectivo por treinta cuadras, y el mismo tarda 40’ en llegar, es posible que si caminamos hacia nuestro destino, lleguemos antes que el autobús. Pero los riesgos de semejante apuesta son enormes. Es bien probable que cuando uno esté por llegar, a unas diez cuadras, finalmente el colectivo se vislumbre a lo lejos y nosotras entremos en un dilema existencial de difícil resolución. “¿Subo, o ya no tiene sentido por diez cuadras?” / La formación se acerca a toda velocidad / “La plata ya pensaba gastarla, es lo mismo, me subo” / Queda poco tiempo / “¿Para qué caminé veinte cuadras, si igual iba a abordar el mismo bondi? No subo” / La decisión es inminente, no quedan paradas intermedias ni semáforos / “Caminar hace bien, y no parece ser una peor opción que esperar en una parada, la variable económica no tiene sentido, me subo” / Las luces ya te encandilan / “Pero ya no sé si llego a estirarle la mano, viene muy rápido, voy a quedar como un boludo, no subo” / “Pero es que tendría que subir” / El viento que genera la formación al empujar el aire te pega el sacudón, y vos tomaste la peor decisión, esa que emerge ahí donde no hay decisión.
Es evidente
que quienes formamos parte del segundo grupo estamos equivocados/as. Pero hay
una fuerza misteriosa que nos sigue atando a este selecto universo de imbéciles.
Hacemos las veces de logia masónica, nos reconocemos en pequeños gestos, en las
colas de supermercado, en el tren, pero nunca lo diríamos. Algunos, más
valientes, se rascan la nariz seguros de que sus correligionarios captarán la
seña, ese fraterno saludo compañero. Esa fuerza misteriosa está fundada en una
inconfesable esperanza: la vida terminará por premiarnos de alguna extraña
manera, en el interín que nos legan esas estúpidas decisiones ocurrirá algo
mágico.
¿A qué te
suena? ¿Te es indiferente? ¿Te desespera? ¿Te causa gracia? ¿Te atraviesan
sensaciones el cuerpo? Seguro alguna vez te lo dijeron: “vamos adentro que me
muero de frío”, o quizá te lo preguntaron: “¿vamos adentro que me muero de
frío?” ¿Qué hiciste? ¿Te preocupaste? ¿Te apuraste? ¿Te pareció una
exageración? ¿O sencillamente comprendiste que el lenguaje funciona así? Cuando uno tiene que enfatizar, el lenguaje
explícito se queda corto y es necesario recurrir a imágenes. Ejemplo: “Te
quiero + te quiero mucho + te quiero hasta el cielo”. “Tengo hambre + tengo
mucha hambre + me muero de hambre.” Claro, ¡es una forma de decir!
Vamos adentro
que me muero de frio. ¿Y si no hay adentro? ¿Y si tu cama es la vereda de cualquier
barrio de la Ciudad más rica de Argentina? ¿Seguimos estando ante una exageración
expresiva del lenguaje? ¿Y si la temperatura es de cinco grados y no hay
adentro? ¿Se trata de una imagen para retratar que hoy viniste poco abrigada?
Vamos adentro que me muero de frío, dijo Sergio Zacariaz. Un Estado presente no
escuchó. Sí, presente, digo bien. Esa estúpida idea del Estado ausente ya
debiera superarse. Porque para correr a los feriantes que en esas mismas
veredas quieren vender sus productos, el Estado llega bien puntual. Para matar
por la espalda a Rafael Nahuel el Estado está ahí, bien presente. Para no
escuchar el llamado de Sergio, el Estado está. ¿Y si ese día tampoco habías
comido? ¿Si ese día estabas muy muy cansado? ¿Si ese día te habían corrido de
tantos lugares que ni llegaste a usar cualquier puente de techo? Quizá el
neoliberalismo venga también a acabar con las metáforas.
Vamos adentro
que me muero de frío, dijo Sergio Zacarías de 52 años, y se murió.
“Alquilo
casa, muy linda, dos habitaciones, viene con techo y puerta de entrada.” ¿Se
imaginan un anuncio así? No. Hay cosas que no es necesario aclarar, se dan por
descontadas. ¿Viene con techo? ¿Con puerta de entrada? ¡Bueno! ¡Me quedo más
tranquilo!
Hay quienes
se disponen a cuestionar la procedencia arábiga del Corán, pues en dicho texto
no existe testimonio alguno de los camellos, animales que sin ninguna duda
invadían los paisajes de aquella antigua península. Borges razona exactamente
al revés: la ausencia de camellos bastaría para probar la arabidad del Corán.
Es que, lo evidente suele darse por entendido, y así se torna invisible.
Nombrar un camello en aquella península sería tan ocioso como mencionar que una
casa incluye techo en un anuncio de alquiler. Es así: lo evidente es,
evidentemente, evidente.
Cuando yo era
chico, en la escuela las ciencias me venían en dos materias separadas:
naturales y sociales. En las primeras me explicaban todo aquello que era
imposible modificar, pues era natural. Ley de la gravedad, si yo suelto el mate
que estoy tomando en este momento, se va a caer al piso, nada puedo hacer
contra eso, es natural. Primera ley de Newton, inercia, todo cuerpo tiende a
mantener su estado (de reposo o movimiento) si no hay una fuerza externa que
actúe sobre él. Entonces, cuando el colectivero arranca de golpe, nuestro
cuerpo quiere quedarse en su estado previo (de reposo) y nos pega un tirón para
atrás, nos encantaría que no, pero bueno, no depende de nosotros/as, es
natural.
Con los años fui descubriendo que lo natural no era exclusivo de las llamadas ciencias naturales. La metáfora borgiana nos remite directamente a ello. Los/as escribas del Corán naturalizaron la presencia de camellos en la antigua península de arabia. Pero también naturalizamos a las familias que duermen debajo de los puentes en plena Avenida 9 de julio (¡la más ancha del mundo!), porque la pobreza es un problema estructural. También a la corrupción, “todos lo hacen”, el problema estructural del financiamiento de la política. También el machismo, la ubicación dependiente de nuestro país en el mundo, votar cada dos años como forma fundamental de la política, votar candidatos de mierda porque los otros son peores, en suma: lo que naturalizamos es un sistema que a casi nadie le cierra, pero que se sostiene (en gran medida) porque todos/as lo naturalizamos. Esos son nuestros camellos.
Hace 91 años
nacía el Che. Tuve la suerte de poder ir a Cuba hace un tiempo. Un país hermoso.
Un día caminando por el malecón me crucé con un crítico del modelo, nos
quedamos charlando hasta las tres de la mañana en una vereda de centro habana,
zona bastante deteriorada. Era músico, cobraba por el simple hecho de serlo,
había viajado a Argentina como parte de un proyecto de difusión de la nueva
trova. Me contó de sus años de estudio, intercambiamos sobre rupturas y
continuidades de su experiencia y la mía. En un momento, se me dio por
preguntarle: ¿Cómo hacen con el tema de los instrumentos? / ¿Cómo, ‘cómo
hacemos’? / Claro, ¿Son accesibles para comprarlos o usan los de la facu? / No,
la facultad te da tu instrumento / ¿Cómo te lo da? ¿Te lo llevas? ¿Es tuyo? /
Sí, es tuyo; pero claro, pensá que quizá hay gente que no tiene para comprarlo.
¡Quizá hay
gente que no tiene para comprarlo! Hay naturalizaciones y naturalizaciones, eso
sí que es un verdadero camello borgeano. Pero no sólo eso, también lo es el
hecho de estar a las tres de la mañana charlando en un barrio pobre con un
turista. Es un gran camello borgeano un país donde directamente no existe la
inseguridad, donde cualquiera estudia una carrera universitaria de alto nivel,
dónde nadie muere de enfermedades curables, donde nadie duerme debajo de un
puente y tantos etcéteras. Es tan normal, tan habitual, tan obvio, que se vuelve
invisible para los mismos cubanos. Cómo explicarles que en nuestros países los
camellos son tan distintos.
…
Cuba seguirá
siendo por siempre ejemplo vivo de que aún en los peores escenarios otro mundo
es posible. El Che seguirá siendo por siempre aquel políticamente incorrecto
joven que dará la pelea contra todo conformismo, todo pragmatismo y posibilismo.
El Che será por siempre aquel que nos diga que depende de nosotros/as que en
quinientos años, cuando alguien redacte un novísimo testamento, ni se le ocurra
andar diciendo que ningún niño vive en la calle, o que a ninguna piba la matan
por ser mujer; que ni se le ocurra decir que todo el mundo tiene laburo y llega
a fin de mes. Es que, andar diciendo eso sería tan absurdo como lo es aclarar
que una casa en alquiler tiene puerta de entrada, o que en la antigua península
arábiga había camellos.
Desde el 23
de enero pasado, Venezuela vive un intento continuado de Golpe de Estado
promovido por el ala derecha de la oposición interna y dirigido por los Estados
Unidos. Durante el día de hoy asistimos a un nuevo capítulo de dicha trama en
el que el chavismo obtuvo una nueva victoria.
Los hechos
Temprano en
la mañana, con la colaboración de miembros del SEBIN (Servicio Bolivariano de
Inteligencia Nacional), se produjo la fuga de Leopoldo López, quien se
encontraba cumpliendo prisión domiciliaria. Junto a Juan Guaidó anunciaron la
ofensiva final de “La operación Libertad”, eufemismo utilizado para denominar
el pretendido asalto al poder y derrocamiento del Gobierno de Nicolás Maduro.
El primer objetivo era tomar la base aérea la Carlota (ubicada en Altamira, al
este de Caracas), desde aquella posición militar se proyectaba dirigir el
intento golpista. En esta ocasión, Guaidó logró el apoyo de un centenar de
desertores de la GNB (Guardia Nacional Bolivariana) que cumplían tareas
ordinariamente como seguridad de la Asamblea Nacional (según las declaraciones
de Moncada).
Sin embargo,
la fragilidad de los apoyos obtenidos por la oposición quedó demostrada
tempranamente. A primera hora, miembros leales de la GNB que se encontraban en
el pretendido cerco a la base militar por órdenes de sus superiores, se
escaparon al descubrir que los querían implicar en el Golpe y denunciaron
públicamente que los habían llevado engañados.
De manera
inmediata el conjunto de la FANB reiteró lealtad a la Constitución y al Gobierno
de Nicolás Maduro. La dirección del proceso convocó al pueblo al Palacio de
Miraflores para defender la democracia. Mientras el centro era copado por el
chavismo, las tropas leales rápidamente repelían el intento de toma de La
Carlota. Cumplido el objetivo, comenzaron a avanzar por la Avenida Francisco
Fajardo para dispersar la movilización (más bien Guarimba) que con piedras y
bombas molotov pretendía empalmar con la avanzada de las fuerzas golpistas. De
esos enfrentamientos de baja intensidad y corta extensión temporal, en un
barrio de clase media-alta a unos diez kilómetros del centro del poder
político, es de lo que hablaron durante todo el día los grandes medios de
comunicación.
Cuando
escribimos estas palabras, la situación ha sido completamente controlada por
las fuerzas leales al Gobierno, el pueblo muestra su masiva presencia en
Miraflores, Leopoldo López se refugia primero en la Embajada de Chile y luego
en la de España, la intentona ha sido desarticulada.
Motivos
No es
sencillo leer la jugada de la oposición. Se volcaron a una acción para la que
contaban con una correlación de fuerzas muy desfavorable. ¿Realmente la
oposición creía que iba a asaltar el poder? Es a todas luces improbable, se
necesita mucho más que un centenar de militares para dicho propósito, la
oposición y los Estados Unidos lo saben. ¿Volvieron a creer que se iba a
quebrar la unidad de la FANB? Sería un error de cálculo demasiado burdo a tan
sólo dos meses del estrepitoso fracaso del 23F. ¿Creyeron que iban a empalmar
con una movilización de masas nacional espontánea hartada de la penosa
situación social? Hace años lo vienen intentando sin resultados. ¿Pretendían
únicamente la libertad de un dirigente detenido por promover guarimbas? Parece
demasiado costo para tan modesto objetivo. Siendo que las condiciones internas
muestran a una oposición sin la fuerza necesaria para un asalto al poder ¿Acaso
se buscaba desatar un escenario de violencia generalizada, con muertes, que
justificara una intervención extranjera? ¿Se buscaba montar un escenario
escandaloso, que manchara cualitativamente a la gestión de Nicolás Maduro y
justifique esa intervención a los ojos de la opinión pública internacional, al
estilo “ataque de armas químicas en Siria”? Esta parece la hipótesis más
probable.
Así y todo, para generar un escenario de ese tipo se requiere
una correlación de fuerzas muchísimo más favorable que la que la oposición
desplegó. Las guarimbas fueron dispersadas con gases lacrimógenos y balas de
goma. Es factible que hayan esperado apoyos que no llegaron. El asesor de la
Casa Blanca John Bolton lo dijo explícitamente, aunque por los nombres a los
que recurrió pareció más un intento de generar tensiones hacia dentro del
Gobierno de Venezuela que información fidedigna, puede haber un poco y un poco.
Existe un
elemento de gran importancia que es preciso poner sobre la mesa para poder
arrimarnos a una comprensión de los acontecimientos en cuestión. Si la acción
fue lanzada prematuramente, si no se prepararon debidamente todos los elementos
necesarios, no es sólo por ineptitud (que no le falta) de la oposición interna.
El ala derecha de dicha fuerza (encarnada en Voluntad Popular), se viene
desinflando críticamente en los últimos meses. Sus permanentes fracasos, su
cada vez más escasa capacidad de movilización, el escepticismo que ha generado
en amplias capas de la población antichavista; los pusieron en una situación de
debilidad y vulnerabilidad. Era de esperar que sus principales dirigentes
enfrenten allanamientos y detenciones en los próximos días, agobiados por un
marco en el cuál los mismos iban a generar escasa reacción interna y poco
margen de maniobra para la reacción externa. Se trata de una oposición interna
que no contaba con el beneficio del tiempo. Esta variable no debe ser
despreciada a la hora de analizar una jugada que tuvo rasgos de redención y
evidentes signos de acción desesperada.
Porvenir
En política
los errores no son gratuitos. Hoy la oposición recibió una derrota que la deja
aún en peores condiciones que las que tenía ayer. A nivel internacional se
volvió a expresar la correlación de fuerzas que hace meses se muestra adversa a
Estados Unidos y la intervención militar. La sedición a la luz del día dota de
más herramientas al Gobierno para avanzar judicialmente sobre los golpistas y
ponerlos a la defensiva. Es de esperar que ante este escenario la oposición
profundice el carácter violento de sus acciones.
Jorge Arreaza
volvió a plantear que el diálogo es la única oferta del gobierno venezolano,
opción que la derecha descartó una y otra vez, opción para la cual posee día a
día peores condiciones de negociación. Diosdado Cabello planteó desde
Miraflores que la mejor defensa es el contraataque, abriendo la puerta a una
recuperación de la iniciativa por parte del chavismo.
La oposición
derechista y los Estados Unidos obtuvieron su derrota, para que la misma se
convierta en victoria del pueblo venezolano, debe mediar la acción decidida,
basada en los anhelos de las bases. Se impone, como dijo e hizo Chávez,
escuchar al pueblo en los momentos más adversos. Judicialmente contra los
golpistas, económicamente contra los formadores de precios que hambrean al
pueblo, políticamente fortaleciendo el protagonismo popular.
Las diversas
arrugas que fragmentaban tenuemente su cara mantenían una extraña
proporcionalidad. Había en ellas una especie de orden interno, una armonía. Si
uno miraba atentamente, podía percibir que a cada lado de aquellas sutiles zanjas
la piel estaba como contraída, firme. Como si el seño le hubiera quedado ligeramente
fruncido, para siempre. Esas arrugas eran un verdadero currículum. Se acercó,
me preguntó si lo que estaba tomando tenía alcohol, pues si así fuera no podría
continuar haciéndolo en esa plaza. Le conté que era mate, una especie de té que
habituamos beber en Argentina. “¿Y por qué lo toman, qué les genera?” Preguntó.
“Porque nos gusta, es como una infusión”. Contesté. “¿Pero para qué lo toman?”
Insistió. “¿Y para qué ustedes toman café?” Le retruqué. Recién ahí entendió el
carácter cuasi filosófico que tenía su interrogante y lo absurdo que era persistir
en el mismo.
Era un
miliciano, estaba cuidando la plaza. Tendría unos sesenta y tantos años, noté
que rengueaba un poco. Me dijo que estaba bien que tome mate, porque el espacio
de la plaza tenía como objetivo que la gente pueda relajarse. Ese comentario me
bastó para comprender que su pregunta inicial no era más que una excusa para
entablar una conversa. Charlamos un rato mientras yo esperaba a una compañera.
Me preguntó qué leía. Le mostré: Borges. Se puso contento, ese era su nombre.
Le conté que en mi país era un apellido. Me relató los diversos trabajos por
los que pasó en su vida (constructor, vendedor de yesqueros, verdulero, etc.).
Repuso que hacía tres meses se había sumado a la milicia “para defender,
rodilla en tierra, a la patria de los gringos”. El hecho me conmovió. Nos
saludamos amablemente, creo que ambos tuvimos la certeza que nos volveríamos a
ver.
Desde la paz de Westfalia de 1648, es difícil hablar del Estado sin hablar del su facultad para ejercer el monopolio de la violencia. Bajo el capitalismo “la sociedad civil se desarma” y el derecho a utilizar la violencia queda en manos únicamente del Estado y sus Fuerzas Armadas. El bien y el mal ya no definen por penal, lo hace un árbitro (bombero por cierto). Juez y parte, es el Estado quien resuelve la partida. Pero no sólo patea penales sin arquero, sino que directamente tiene entre sus atribuciones decidir quiénes son los buenos y quiénes los malos. El monopolio del ejercicio de la violencia como a atributo de un sector de la sociedad, es un pilar fundamental del orden actual de cosas.
Ayer se
cumplieron 17 años de aquel día en que el pueblo venezolano volvió a poner en el
poder a Hugo Chávez, tras el golpe de Estado que la derecha le propició el 11
de abril del 2002. Ayer mismo, en el acto conmemorativo de tan importante
fecha, juraron más de dos millones de milicianos y milicianas a lo largo de
todo el país. Por Caracas desfilaron decenas de miles, gente de pueblo que
voluntariamente se alistó. Muchas mujeres, muchos jóvenes, viejitos que,
orgullosamente, portaban su fusil. Un “sí, juro” irrumpió a lo largo de todo el
Paseo de los próceres luego que el Presidente Nicolás Maduro les preguntara si
estaban dispuestas y dispuestos a dar la vida por la patria.
Reflexioné
que ese pueblo armado estaba desafiando al orden de Westfalia. Que, al menos en
un ínfimo punto, ese acto irreverente ponía en cuestión aquella ley sagrada
sobre el monopolio del ejercicio de la violencia. Me volví a sorprender, una
vez más, de la radicalidad de Chávez. Me acordé del miliciano Borges. Sin
verlo, lo vi. Sonriente, alegre, rengueando un poco, con paso apresurado, haciendo
un esfuerzo por no quedar atrás en el desfile. Deduje que allí iban miles de
Borges, con sus arrugas, con sus historias, con sus ganas de conocer a un
extranjero en una plaza, con sus dificultades, con su normalidad. Pensé en mi
país y en otros de la región, en lo rápido que se puede retroceder en las
conquistas de una década. Deduje que cuando esa gente normal es la que defiende
un proceso, es muy difícil revertirlo. Pero que si encima lo hace en un
contexto de cuestionamiento de la democracia representativa, esto es, no sólo
lo defiende votando, sino participando y hasta dispuesta a empuñar un fusil, revertirlo
se vuelve casi imposible.
En 2002
secuestraron a Chávez, lo desalojaron del poder. Esa gente común bajó de los
barrios y rodeó Miraflores masivamente, los golpistas se tuvieron que ir. El
primer intento de la oposición por gobernar sin aquel pueblo que desde la
irrupción del chavismo había pasado de ser objeto a ser sujeto de la política,
duró menos de 48hs.
Diecisiete
años no pasaron en vano. Esa gente común tiene mayor experiencia, mayor
conciencia y dos millones de milicianos/as. ¿Acaso será verdad que los gringos
están repensando el tema de la intervención militar? No lo sé. Pero con un
pueblo así, yo lo pensaría dos veces.
[Entrevista a Gsus García, Vocero de la Comuna Socialista Altos de Lídice]
Caracas, 5 de abril de 2019
Federico Chimonetti: Primero lo primero. A la experiencia que ustedes vienen desarrollando la han llamado “Comuna Socialista Altos de Lídice”. Socialista. ¿Por qué socialista? ¿Qué entienden ustedes por socialismo?
Gsus García: Una nueva forma de hacer las cosas. Una forma distinta a la
que nos criaron. Una forma distinta a la que nos acostumbraron a hacer las
cosas. A nosotros desde un punto de vista científico quizá, todavía nos falta
mucho por avanzar en la idea de nuestro socialismo. Chávez dio muchísimas
ideas. Pero creo que en la Comuna, el mejor ejemplo de construcción del
socialismo se da desde la práctica, desde el hacer, desde el andar. Quizá uno
de los grandes errores de la revolución bolivariana es no tener una buena
sistematización de todos esos procesos. Ahí ha avanzado Reinaldo [Iturriza],
Reinaldo sí ha avanzado mucho en eso.
Cuando trabajamos la colectivización del hacer, desde todo punto de
vista, en la salud, en lo social, lo económico, lo productivo; ahí sí estamos
construyendo socialismo. Claro, seguimos teniendo muchas relaciones en lo que
respecta a lo financiero, muchas relaciones de orden meramente capitalista.
Pero cuando la ganancia que se genera con nuestro trabajo se reparte en partes
iguales o va directamente a la inversión social, cuando no se piensa en tener
una ganancia suprema sino mas bien en solventar los problemas que hay en la
comunidad, creemos que estamos creando algo nuevo. Porque eso no ocurría antes.
Cuando antes en el barrio alguien invertía en alguna ayuda social o
celebraba el día del niño, se pensaba: “ah bueno, ese chamo es pana, ese chamo
es fino, ese chamo es buena gente”. ¡No! Aquí eso de buena gente no va más, eso
tiene que convertirse en un sistema de gobierno. Y cuando lo convertimos en un
sistema de gobierno territorial, estamos construyendo socialismo, estamos
seguros de eso. Y no hemos encontrado en el marco del capitalismo una figura
como esa. Entonces creemos que es ahí en la Comuna, es ahí en el sistema de
trabajo territorial, es ahí en la Comuna socialista donde estamos pariendo el
socialismo.
FCh: Chávez planteaba que había que ir hacia el socialismo. Pero reconocía esto que vos decís con toda claridad, actualmente siguen imperando las relaciones capitalistas. Entonces entre el capitalismo y el socialismo tiene que haber un proceso de transición. ¿Cuál es el rol de la Comuna en esa transición del capitalismo al socialismo?
GG: Es la célula. Es la célula donde eso nace, hay que parirlo. Es el
espacio de experimentación, el espacio ideal de creación, no hay otro. Es en el territorio o no es. Es en la comuna
o no es. La comuna no es más que esa fábrica donde estamos todos como unos
trabajadores, como unos obreros, echando tuercas, echando llaves, echándole
aceite a esta máquina, echándole aceite a aquel motor. Lo decía Chávez, la Comuna es la célula del socialismo, es la
célula territorial del socialismo.
Bueno, si hay algunos tanques pensantes, intelectuales y gente que le
gusta pensar fuera del territorio, ¡ah bueno! esa es su forma de hacer las
cosas. Pero nosotros pensamos, hacemos, corregimos, pensamos, hacemos,
corregimos y ahí vamos. Si no experimentas ¿Cómo creas el socialismo? La Comuna es eso, es el espacio de
experimentación per se del socialismo.
FCh: El otro día en la Mesa de salud expresabas algo que me quedó grabado. Dijiste algo así: “hay que superar el viejo Estado” ¿Qué es esa idea del viejo Estado? ¿Qué es el Estado hoy en Venezuela?
GG: ¡Uf! ¡Una vaina horrible, huevón! (risas) Es una estructura muy
burocrática, muy lenta. Que no se adapta a los procesos de las comunidades.
Ahorita mismo nosotros tenemos unos procesos que van muy rápido, porque deben
ir rápido, porque los tiempos ameritan que sea rápido, estamos en medio de una
guerra, no podemos ir lento. Entonces, cuando a una institución tú le presentas
un proyecto te dice: “¡No! Esto tiene que pasar primero por aquí, luego por
aquí, luego aquel firma, luego firma aquel otro, y después yo.” Y así ha pasado
un año y no se ha aprobado.
El Estado es como una estructura ya gris. Cuando Chávez impulsa las
Misiones, justamente lo hace para crear un Estado paralelo, que fuese más
rápido, que llegara más adentro, que no tuviera tanta burocracia. Chávez lo
decía en 2012, que ahora venía la fase de transición al socialismo, y que
teníamos que hacerlo a nivel territorial, a nivel de las Comunas, por eso el
Golpe de timón. Lamentablemente eso se ha difuminado en el tiempo.
El Estado no es más que un obstáculo, ese
viejo Estado es un obstáculo con el cual tenemos que combatir. Y buscar
siempre que cada Comuna tenga el auto-sustento y la organización suficiente
para depender lo menos posible de ese Estado. Porque Comuna que depende del
Estado es como un humano en estado vegetativo, con una bomba de oxígeno,
operada por electricidad. Un humano que cuando no tenga ni electricidad ni
planta eléctrica, se va a morir. La Comuna no puede morirse porque falte el
Estado. La Comuna tiene que ser Estado,
tiene que gobernar el territorio y no puede depender del Estado burocrático,
sino muere.
FCh: A lo largo de la historia ha habido muchas experiencias de Poder Popular en el mundo. Y siempre han sido atravesadas por un debate crucial, sobre si el Poder Popular se tenía que desarrollar hacia dentro del Estado o en paralelo al Estado. ¿Cómo ves esto? ¿Cómo ve la experiencia venezolana esta cuestión?
GG: Bueno, ahí hay visiones encontradas. En lo particular he pasado por
las dos. Por la visión en la cual creo que a veces tenemos que estar en el
Estado para poder destruirlo por dentro, como lo hizo Chávez. Meterse en el
Estado para poder desenmarañarlo por dentro, y a su vez ir construyendo lo
paralelo. Yo creo que son ambas. Por ejemplo, mucha gente criticaba a Ángel
[Prado] de El Maizal, porque su propia gente lo postuló alcalde. “Si es comunero
¿para qué va a ser alcalde?”. Bueno, justamente porque necesitamos un
infiltrado ahí, que vaya transfiriendo todo el poder que pueda al Poder
Popular, y que ese Poder Popular vaya construyendo paralelamente el nuevo
Estado. Que cuando venga el otro alcalde dentro de cuatro años a gobernar diga:
“¿y ahora qué hago yo aquí si este pana le transfirió prácticamente todo a la
Comuna? ¿Qué voy a hacer yo aquí?” Bueno ¡no sé loco! Irás a utilizar esa sede
para jugar ping pong, no sé (risas).
Yo creo que hacen falta las dos cosas. Ahora, comunero o comunera,
revolucionario o revolucionaria, que entre en el Estado sin una idea clara de
lo que va hacer, sino simplemente con la mera presunción de que va a construir
el socialismo, está muerto, muerto. Si yo voy a entrar, aunque sea en el
“Ministerio de asuntos sin importancia”, tengo que tener claro que en ese
Ministerio yo tengo la función de transferirle todo el poder al pueblo. Sin la
claridad en el objetivo, me pierdo en ese mar. Porque ese mar tiene placeres,
tiene lujos. Tiene cuatro paredes que te encierran. Y piensas que estás ahí
dentro construyendo el socialismo. Pero no, estás cumpliendo la agenda del
Estado burocrático, del Estado burgués. Entonces, yo creo que hay que estar en los dos espacios, para destruir uno y para
construir el otro paralelamente.
FCh: El otro día leía una publicación tuya en Facebook muy buena sobre algunas dificultades de la parroquia[1]. Hacías muchas críticas al poder público, al Estado. Mencionabas la burocracia, las demoras. ¿Cuánto crees vos que hay de ingenuidad (de falta de comprensión del rol estratégico del Poder Popular) y cuánto de disputa de intereses (de lucha de clases), en la no priorización del desarrollo comunal por parte de funcionarios del Estado?
GG: Depende el tema. En lo
económico hay una lucha de intereses, porque hay dinero en juego. Quienes son
ministros de las áreas económicas en este país, no son ingenuos. Saben que cuentan
con las comunas, saben que Chávez dio al pueblo una gran cantidad de tierras
para que fuesen productivas, que se las dio a las comunas y a los consejos
campesinos, saben que eso existe. Cuando deciden no articular con la Comuna y
priorizar a las grandes empresas, no es por ingenuidad.
Ahora, en algunos otros sí es por
falta de comprensión de la importancia estratégica de las comunas. Por ejemplo,
cuando una institución frena una transferencia de competencias, sea en
transportes, en agua, en cualquier servicio; a veces es porque no entiende que viabilizando
eso estaría dando un paso súper importante en el rol histórico que como
individuo le toca en la revolución, que logrando eso se estaría dando un salto
sumamente cualitativo en la construcción del socialismo. Muchos compas no lo saben.
El partido de gobierno ha hecho esfuerzos, pero muy escuetos en el tema de la
formación, el debate sobre el socialismo, el debate fuerte, sincero, totalmente
descarnado sobre la construcción del socialismo.
Un funcionario público que asume cargos
de dirección no puede estar ahí porque sabe hablar bonito, porque tiene un buen
discurso, porque es pana de este o pana del otro. Tiene que hacerlo porque
comprende el proyecto. Y muchos no lo entienden. Entran y quieren hacer
gestión. ¡No, hermano! ¡Tú no tienes el Estado
para hacer gestión, tú tienes el Estado para hacer revolución! Y para hacer
revolución tú tienes que dar el poder al pueblo. Y hay leyes, hay de todo para
darle poder al pueblo.
En lo económico es muy distinto.
En lo económico hay una pugna de intereses marcada, de clase, ahorita mismo,
hay una lucha de clases dentro de todo el tema económico venezolano. Entre lo
que se dice la nueva burguesía, que para mí es la misma burguesía, lo que se
dice la burguesía roja, los boliburgueses, etc. Hay una lucha entre ellos y el campesinado,
los comuneros, etc. Hay una lucha de clases constante, evidente, descarnada. Pero
en otras cosas es que no entienden la importancia de darle la centralidad a la Comuna.
Eso es.
FCh: La Comuna tiene la tarea estratégica de, en un punto, ayudar a desarmar al Estado burgués, pero hoy el Estado está conducido por el chavismo. Entonces hay una tensión, porque por un lado hay que dar la pelea con ese Estado, pero por otro hay que defenderlo, porque si se pierde esa conducción se viene algo mucho peor. ¿Cómo ven ustedes esa tensión? ¿Es una tarea defender al gobierno en la estrategia Comunal?
GG: Un pana decía, “este Estado,
sea lo que sea, es un muro”. Una gran pared que nos permite a nosotros de este
lado de la pared, del lado izquierdo de la pared, construir lo que estamos
construyendo. Cuando a ese muro empiezan a caérsele los ladrillos porque se
pone blandengue, hay que ver cómo se le echan sus pegotes de cemento para tapar
esos huecos.
¿Hasta cuándo hay que cargarle
los ladrillos al Estado? Bueno, hasta que esté muy blandengue. Cuando uno sepa
que ese muro ya no sirve de nada, cuando uno ya prácticamente ve lo que hay del
otro lado, es porque ya no es un muro. Pero mientras siga siendo muro, mientras
no nos maten por ser comuneros, mientras la policía no nos dé rolazo por ser
comuneros, por construir, por tener autogobierno, hay que defender ese muro.
Porque sabemos que muchísimas de las cosas que hoy nos parecen cotidianas y
normales, en un gobierno de derecha no van a ser ni cotidianas, ni normales. Y ejemplos
hay por doquier ahorita mismo en toda Latinoamérica.
Hay que proteger ese muro mientras se pueda. Porque además cuando
el enemigo estratégico, histórico, está arremetiendo de una manera
desenfrenada, como lo está haciendo ahorita mismo el imperialismo
norteamericano, no es casualidad. Por algo lo hacen. Claro que sabemos que hay
gente que negocia, bueno está bien, unos cuantos ladrillos que se le caen al
muro, hay que ver cómo le ponemos un ladrillo nuevo y ya está.
FCh: Chávez proyectaba que el poder pase completo a la Comuna, incluso a nivel nacional. El poder tiene muchas facetas, pensemos en tres bastante importantes. La soberanía alimentaria, la FANB (Fuerza Armada Nacional Bolivariana) y los sectores estratégicos de la economía. ¿Cómo se relaciona la Comuna con esos tres ejes?
GG: Este 2019 es el año en el
cual nos hemos dispuesto dejar de ser una Comuna simplemente urbana, que
organiza muy bien el tema social, el tema de salud, para pasar a ser una Comuna
productiva. Si queremos tener independencia tenemos que ser una Comuna productiva.
Tenemos previsto sembrar un montón de rubros y sobre todo crear un buen banco
de semillas para los años venideros. Para poder sembrar no sólo en los
territorios de la Comuna, sino también en los cercanos. Y que toda esa
población tenga la posibilidad de tener esos alimentos allí. Debe comprenderse que la Comuna es productiva o no es.
En lo que respecta a lo
estratégico de la economía también queremos meterle al tema de los servicios
públicos. Queremos ver cómo por lo menos un servicio público pasa a estar bajo
control de la Comuna. La recolección de desechos sólidos a través del reciclaje,
el tema del agua, el tema eléctrico. Sobre todo pensamos el tema del reciclaje,
creemos que se puede crear una buena cantidad de recursos ahí y, en el marco de
la guerra y el bloqueo, saber reutilizar muchas de las cosas que botamos, es
ahora algo providencial. El tema del reciclaje toma una importancia
estratégica. No es simplemente reciclar por salvar al mundo que también es un
objetivo del Plan de la patria, sino también reciclar porque si no estamos
fritos. Si no vamos a seguir importando e importando.
El tema de la seguridad es algo que
honestamente todavía no hemos tocado en profundidad. En la Comuna hay
milicianos y milicianas, sí los hay. Sin embargo, no hemos creado el “cuerpo
combatiente de la Comuna”. Ese proceso hay que llevarlo a cabo, con mucho
cuidado, porque tampoco queremos espantar a la gente. Pero es un proceso que hay
que hacer. En la Comuna hubo una sola vez una protesta importante hace como
tres años, no éramos todavía Comuna como tal. Después de eso dijimos: “eso no
vuelve a pasar aquí, no vuelve a haber una guarimba”. En verdad fue un poco más
abajo de la Comuna, en los linderos, pero nos dijimos que eso no se podía
repetir. Y con la conformación de la Comuna comenzamos a prevenir y evitar que
eso pase.
FCh: ¿Y la FANB deja hacer a la Comuna? ¿Deja que se arme ese cuerpo? ¿Ayuda? ¿Cómo es?
GG: Si. Son las cosas que te
decía del muro. El muro permite que podamos hacer eso. Imagínate que con un
gobierno de derecha nosotros digamos que armamos un cuerpo combatiente de la
Comuna. ¡No! Al minuto tienes ahí todos los allanamientos. Ni me quiero
imaginar lo que pasaría.
FCh: El artículo 3 de la Ley orgánica del Poder Popular dice algo muy interesante. Plantea que el desarrollo del Poder Popular está atado al nivel de conciencia y organización del pueblo. ¿Cómo es eso, la relación entre el desarrollo de la conciencia y el ejercicio directo del poder?
GG: Yo creo que parte de lo
individual. En la comuna hay voceras y voceros muy activos, compañeros y
compañeras a los que les gusta ayudar al otro, dedican su vida a ayudar al
otro. Y algunos (los menos) no se identifican como revolucionarios. Hay otros, la
gran mayoría, que sí se califican como revolucionarios, como chavistas, y que
lo hacen porque comprenden el proceso que están llevando a cabo. Pienso que en
ambos casos hay un proceso de crecimiento de la conciencia. Yo creo que tu eres
consciente en la medida que comprendes que si no ayudas al otro ¿Para qué coño
viniste a este mundo? ¿Para joder? Porque si todo lo vas a hacer en torno a ti
y nada más que a ti ¿Qué consciencia puedes estar teniendo? Ninguna.
Y solo porque hay personas así en
la Comuna, solo porque eso está muy dentro de la idiosincrasia del venezolano,
de la venezolana, es que es posible que esta revolución exista. Sin esa
solidaridad, ese compañerismo, esa vecindad, ese apoyar al otro, yo creo que sería
difícil que aquí hubiese una revolución como la que planteó Chávez.
Hay gente que tiene la
idiosincrasia de ayudar al otro y hay gente que más allá de la idiosincrasia
tiene la convicción que este es el camino. Y cuando esas dos voluntades se
unifican, avanzan las instancias de Poder Popular, los consejos comunales, las
comunas, los colectivos. Pura idiosincrasia comunitaria, echarle la mano al
otro. Ahí tienes el ejemplo que estamos viviendo ahorita con el agua. Tú te
metes ahora por Lídice, que está llegando agua a la parte baja de la Comuna, y
todas las casas son un llenadero, todo el mundo saca una manguera para que el
vecino de un poco más arriba que no le ha llegado el agua vaya y llene. Hasta
las doce de la noche, preparando café, dándote agua, “¿estás cansado? ¿Te falta
pipote?” Ayudando al otro. Y eso se debe a que justamente Chávez planteó eso
como la cotidianeidad, antes era algo excepcional, hoy ya es cotidiano en la
revolución bolivariana.
Es un hecho importante de
consciencia, que cuando se traduce en la búsqueda del poder por parte de la
Comuna, estamos creando socialismo. Porque ya la idiosincrasia pasa de ser
idiosincrasia a ser proyecto territorial. Estamos pariendo otra vaina, otra
cosa.
FCh: En el mundo se está desarrollando una revolución feminista con mucha fuerza. El rol histórico de las mujeres se está poniendo en cuestión, el machismo. Cuando fuimos a la Comuna vimos que la mayoría son compañeras, ejerciendo espacios de poder. ¿Cómo es el rol de la mujer en la Comuna?
GG: Sin mujeres no hay Comuna. Así de simple. No es meramente una
consigna, es real. Buena parte de las comunas en Venezuela, sino todas, están
comandadas por mujeres en todas sus instancias. Son las mujeres las que empujan
los procesos políticos en este país. En la Comuna las mujeres practican el
feminismo combatiente, militante, pero quizá no estén conscientes de eso. Ellas
hacen su trabajo, son la mayoría en todas las asambleas, en todas las
reuniones, en todas las instancias. Pero muchas de ellas quizá no estén
conscientes de la importancia de su rol como mujeres en la sociedad y en la
Comuna.
Creo que ese es un trabajo que
hay que saberlo hacer. Porque a veces hay muchas corrientes feministas que
quieren venir desde afuera del territorio “a organizar a las mujeres”. ¡No!
Métete allí, entiende el proceso, trabaja con ellas, sufre con ellas, pare con
ellas. Y a partir de eso, luego que entiendas ese proceso que ellas viven,
plantea algo, canaliza cosas. Pero no vengas a imponer ideas tuyas o de tu
grupo, porque tú fuiste para Argentina, o fuiste para Chile, y viste que allá
las mujeres hacen tal cosa. No, tienes que ver cómo es la cosa aquí, y a partir
de ello creas las condiciones, trabajas las condiciones, filosofía, etc.
Uno tampoco es quizá el mejor
ejemplo para impulsar procesos feministas. Pero creo que a veces las mujeres no
están al tanto del poder que tienen. Hay que buscar la manera para que ellas se
den cuenta que sin ellas no hay nada.
FCh: En el Golpe de timón Chávez dice que la Comuna no puede ser una isla socialista en un mar capitalista, porque sino el mar se la termina tragando. ¿Cómo es eso en la Comuna? ¿Cómo es la articulación con otras comunas? ¿Cómo se da ese proceso?
GG: Lo estamos creando ahora. Creo
que vamos bien, siendo que nuestra Comuna está recién parida. Tenemos apenas
dos años de existencia y ya estamos haciendo un montón de cosas. Ahorita mismo,
a través sobre todo del alimento, estamos buscando establecer relaciones
económicas con otras Comunas del país. Buscando impulsar organización comunal
en el punto y círculo de la Comuna. Tratando que los lugares cercanos a la
Comuna se vean impactados por su política. Que sea un Estado, un gobierno, que
pueda ayudar a sus países vecinos, por dar un ejemplo geopolítico. Con las
toneladas de papa que trajimos hace dos semanas, pudimos darle papas a un
precio económico a los Consejos Comunales cercanos. Lo mismo queremos hacer con
otros alimentos, todo lo que podamos compartir con otros Consejos Comunales, lo
vamos a compartir.
También queremos ayudar para que
se construyan más Comunas en la parroquia, porque la nuestra es la única en toda
la Pastora. Estamos como solitos en ese mar, remando solos. En este contexto en
que el poder comunal ha ido disminuyendo, tenemos que juntarnos los poquitos
que creemos en la idea. Tenemos que echar pa’ lante.
FCh: Chávez se caracterizó por caminar paso a paso, con los pies en la tierra, pero siempre mirando al horizonte, lejos. ¿Cómo se debiera estar en diez años si todo saliera bien?
GG: ¿Aquí es la parte donde
lloro? (risas) Chamo, primero no creo que pueda pensar egoístamente. A mí me
gustaría que por lo menos todo Lídice tuviese Comunas, eso sería esencial, que
la Comuna pueda impulsar otras Comunas más. Segundo, que todas las instancias
de autogobierno funcionen, y que funcionen bien, que no sean una copia del
viejo Estado, que sean el nuevo Estado. Tercero, que tuviésemos independencia,
creo que eso es la clave, la independencia. Lo decía Chávez. Tenemos que ver
cómo una Comuna a nivel territorial lucha por la independencia. Cómo puede
administrar los servicios, cómo puede administrar su economía productiva, cómo
administra su dinámica social, cómo protege a cada uno de sus habitantes con
diversas políticas, cómo la participación en cada uno de los procesos
electorales comunales alcanza más del 60%. Tenemos que lograr que la gente
participe, no solamente votando. Necesitamos nuevos espacios de participación.
Yo creo que para que las Comunas sean el gobierno del futuro, deben
acercarse al futuro. Porque si siguen pensando como Comunas de la Unión
Soviética estamos jodidos. No podemos seguir pensando como Comunas de la Unión
Soviética cuando tenemos telefonía, celular, cuando ya casi los chamos se
comunican más por estos aparatos que cara a cara. Ese es el futuro, metámonos
ahí. ¿Hay que crear una red social? La crearemos. ¿Hay que crear nuevas formas
de interacción? Hay que crearlas. Pero no nos podemos quedar en el papel, en el
cartelito pegado en la pared. La Comuna
debe acercarse al futuro, debe ser el futuro, debe ser el gobierno del futuro.
Así lo veo yo.
Hay muchos compas que ven eso con
miedo. Ven la idea de la creación de un café que no sea como esos cafés de
antaño, sino un café para los milenials, como una cosa sin importancia. ¡No!
¿Con qué población va a contar la Comuna en los próximos diez años si no se
mete con ese grupo etario?
Cuando Maduro lanzó el carnet de
la Patria, a mí me dio un poco de nostalgia. Porque para mí la Comuna debía
haber asumido esos espacios de tecnología y participación de una manera más
territorializada. Claro, Maduro lo hace por la necesidad de evadir quizá
también el Estado burgués, y buscar a través de una manera tecnológica llegar a
la gente de modo más directo. La Comuna tiene que verse en ese espejo.
Entonces, si pienso en el futuro
yo veo una Comuna independiente, una Comuna que no puede estar aislada, una
Comuna que para ser independiente tiene que ser productiva, y a su vez tiene que
tener mayor conexión cotidiana con cada uno de sus habitantes. Espacios de
participación nuevos. Por ahí creo que van los tiros del horizonte y del
futuro.
FCh: Todo esto que decís me hace acordar a aquella frase de un prócer de ustedes y de toda Nuestramérica, Simón Rodríguez, cuando decía “Inventamos o erramos”, en ese tren de crear y no seguir copiando viejas fórmulas. ¿Hay algo que no te haya preguntado que te gustaría decir?
GG: La coyuntura actual de las comunas es muy compleja. Tenemos un triple
espacio de combate. El de la comuna como tal, sus vicisitudes, sus
problemáticas. El de la guerra que enfrentamos todos los venezolanos y
venezolanas. Pero además el espacio de disputa con el Estado burgués que cada
vez es más fuerte, cada vez es más difícil.
¿Qué vamos a hacer para no desaparecer? El movimiento comunero tiene que
pensarse nuevamente, ser movimiento. Ahorita no es movimiento, estamos
aislados. Tenemos que movernos para que el Estado sepa que estamos aquí. El
futuro que nos proponemos, más allá de la guerra, ¿es posible alcanzarlo con
este Estado? Y no me refiero al Estado burgués desde el punto de vista
filosófico, sino a concretamente cómo se comportan los gobernantes del momento
para ser más exactos. Es ahí la complejidad. ¿Cómo hacemos eso?
Los encuentros que se han sostenido hasta ahora con el presidente, han
sido espacios que continúan con la misma lógica. Se reúnen con los comuneros
dos o tres días, hacen un documento como de 20 páginas, se lo entregan al
presidente, el presidente ya tiene su agenda, y de esa agenda aprueba tres
vainas, y todos los comuneros que están allí en el acto aplauden, se van y
esperan otro encuentro con el presidente. No hermano, eso no es. Chávez
planteaba un debate. Chávez cuando se reunía con las comunas era un debate,
cualquiera se podía parar a decirle cuatro vainas a Chávez, y él o decía sí eso
es, o decía eso no es. Pero se planteaba debate, no era un acto. Con las
comunas tú no puedes plantear actos de gobierno, no. Con las comunas tú tienes
que discutir política. Porque es con esa gente que tu vas a construir el
socialismo. No es con otro sujeto. ¿Con cuál sujeto vas a construir el
socialismo? Si ese es el que tienes en el territorio. Sea joven, sea mujer, sea
negro, blanco, moreno, ateo, católico, cristiano, protestante, sea lo que sea.
Es ahí.
Lo que está ocurriendo es que las cosas cada vez se difuminan más y
estamos cayendo otra vez en el Estado, que tiene un montón de políticas de
orden nacional, sin ningún tipo de territorio. Esa es una complejidad que creo
que no se está debatiendo. Que todos la sufrimos, todos la padecemos, todos la
criticamos, todos la escribimos, pero más allá de eso, nada. Tenemos que
encontrarnos, crear un espacio de debate y de concreción, de propuestas serias.
Si no es con las supuestas mil comunas, que sea con las treinta que estén
dispuestas. Nos atrevemos. Nosotros nos vamos a atrever a proponer otra vaina.
Ese es el reto.
[1]
Parroquia es la instancia jurisdiccional inmediatamente inferior al municipio.
Siempre me sorprendió la capacidad que tienen los dichos populares para
expresar verdades. No se puede estar en la misa y en la procesión, es cierto. No
se puede estar con Dios y con el Diablo. Pero como siempre existe la excepción
que confirma la regla, yo hoy sí pude estar en ambas.
“¡¿Argentino?!” Al notarme interpelado prosiguió: “¡Argentino! ¿Cómo
estás? Vení para acáa chee boluudo”. El moreno disfrutaba como un triunfo haber
acertado con mi nacionalidad. El mate no estaba a la vista. No había emitido
palabra en los últimos minutos, con lo cual no había chance que haya escuchado
la ye, elemento que le hubiera
bastado para reducir sus elucubraciones sobre mí procedencia a dos
posibilidades: Buenos Aires o Montevideo. Cuando habitantes de otros países nos
imitan, suenan como italianos. Alargan las anteúltimas sílabas y meten todos
los argentinismos que conocen amontonados. “Piibe, boluudo, qué decís chabbón,
cómo está meessi, maradooonna.”
Luego de charlar un poco, nuestro detective demostró ser un farsante. En
su descubrimiento no hubo mérito alguno. Habíamos jugado juntos a la pelota la
semana anterior, en un picadito que se arma todos los días (a dos goles) en una
cancha libre en el centro de Caracas. A veces cuesta reconocer a la gente
cuando uno se la encuentra en contextos inesperados. Me interrumpió atravesando
la Plaza Bolívar. Su nombre, José. Me contó que trabajaba en una panadería que
tenían sus padres. Que estaban remando bastante bien los apagones y la falta de
agua. Me preguntó a dónde me dirigía, no le dije la verdad. Quizá porque me dio pena (como acá le dicen a la
vergüenza).
Bajé al metro. Me pregunté una vez más por qué será que por los
altoparlantes siempre pasan música de película erótica. Iba rumbo al este.
Atravesé unas doce estaciones, dato importante. “California”. Subí por las
escaleras mecánicas. Salí a la calle. Comenzaba a concentrarse gente. En unos
veinte minutos, me encontraba en el corazón de la movilización convocada por
Juan Guaidó, con el muy elocuente nombre de “Simulacro de la Operación
libertad”. En sus propias palabras, un ensayo general de lo que sería la toma
del poder.
El marxista italiano Antonio Gramsci, nos ha enseñado que la hegemonía
consiste en hacer pasar los intereses de un sector social, por los del
conjunto. En mi país, por ejemplo, la oligarquía exportadora, dice que hay que eliminar
las retenciones, para que “el agro se vuelva más competitivo”. ¿Quién no ha
visto a un laburante defendiendo ese programa “para que Argentina sea más
competitiva”? La trampa consiste en que, en verdad, quien se vuelve más
competitiva no es Argentina (lo general), sino un grupo de empresarios muy
poderosos (lo particular).
La derecha venezolana procede exactamente al revés. Podríamos decir que
es anti-hegemónica. Tiene claros sus intereses (lo particular), pero se los
confunde con los del conjunto (lo general). La oposición convocó a una
movilización en un barrio paqueto a 15km de la casa de gobierno. Que se
entienda, es como que en Argentina un don nadie se diga representante del interés
general-nacional y haga sus actos en los bosques de Palermo. ¿Alguien puede
pensar que el conjunto de la sociedad se va a sentir identificada? Raro. Es
como que en Uruguay se haga un ensayo general de asalto al poder en un
Starbucks de Punta Carretas.
La oposición moviliza donde vive, lejos de las mayorías. Moviliza con sus
gritos de odio. Lo hace con sus gorras yanquis, con sus relojes caros y sus
maquillajes exuberantes. Lo hace con sus pancartas que piden la intervención
militar de Estados Unidos. La marcha era entre mediana y chica. La derecha se
aísla, pierde credibilidad. Su optimismo infundado desgasta a una base que
pierde la paciencia.
Luego de pasar por el ensayo, me dirigí a la obra: al palacio de
Miraflores. Ahí donde no hay simulacros, ahí en el centro mismo donde se anuda
el poder. El pueblo chavista se encontraba movilizado por quinto sábado
consecutivo. Decenas de miles inundaban las calles. El contraste era marcado.
Esa gente se parecía más a Venezuela. Había negros, mestizos y también blancos.
Esa marcha se parecía más a Nuestramérica. Había banderas de Venezuela, de
Cuba, de Argentina. El discurso de Nicolás Maduro se parecía más a los deseos
del mundo entero, en diálogo con su presidente, el pueblo se comprometía a
defender la paz y evitar el enfrentamiento militar. Me di cuenta que por más
esfuerzo que uno haga por construir consensos, los intereses de las dos
movilizaciones no se pueden conciliar. Pedir que el imperio más siniestro de
todos los tiempos invada militarmente tu país. Prender fuego vivo a un
opositor. Es complejo. La realidad nos obliga a elegir.
Mientras reflexionaba sobre estas cuestiones y observaba atentamente a un numeroso grupo de personas que bailaba al compás de los más diversos géneros, haciéndole frente con una sonrisa a la ecléctica lista de reproducción del musicalizador, me crucé a José. “¡Menos mal que te veo acá!” me dijo, “¡Ya pensaba que te habías ido para la marcha de Guaidó!” Como si el reencuentro fuera un círculo perfecto cerrándose, como si todo estuviera guionado, aquel joven venezolano se metió muy ordenadamente en mi reflexión, la respuesta salió sola: “Te voy a confesar una cosa, José. Fui. Pero sólo para comprobar una cosa: no se puede estar en la misa y en la procesión”
Héroes. Heroínas. Uno imagina que son personalidades descollantes,
excepcionales, fuera de serie. En un punto emancipadas de la poco épica
cotidianeidad que atravesamos las grandes mayorías día a día. Yo no sé qué es
el heroísmo. Pero puedo decirles que la movilización del sábado que protagonizó
el pueblo venezolano expresó un heroísmo de masas. Uno se preguntará ¿por qué
tanto, no? ¿Quién no fue a una movilización en su vida? De ahí al heroísmo hay
un largo trecho. Pero créanme, yo los vi, les voy a contar…
Todo empezó el lunes pasado en un Metro (subte) de Caracas. El vagón
estaba repleto, hacía mucho calor, el aire acondicionado no andaba. Acá el
metro tiene en el espacio entre puertas (en el medio), un armatoste de tubos
verticales que a un genio se le ocurrió que podía servir para que la gente se agarre.
Pésima idea. Es un verdadero obstáculo. Yo iba parado, contra el costado de una
de las puertas, leyendo. Sobre mi pecho la mochila puesta al revés. En la misma,
apoyados mis codos haciendo de atril, sobre mis manos una novela de Mario
Benedetti.
Subte. Aire acondicionado roto. Mucho calor. Poco aire. Armatoste vertical.
Sumen vendedoras ambulantes esquivando el armatoste. Calor, mucho calor. El
uruguayo me relataba con toda convicción la historia de Ramón Budiño. En
realidad es nuestro protagonista quien contaba sus propias vivencias. (Subte) En
ese momento se trataba de la primera noche con su amante. (Poco aire) El amor
triunfaba en la casa de ella. (Vendedor ambulante) En su cama tenía una pesada
frazada con no sé qué inscripción. (Calor) Nuestros amantes se fundían en un
apasionado abrazo debajo de la frazada. ¿Por qué? Haciendo tanto calor,
¡meterse ahí abajo! ¡Qué innecesario! Mientras el sudor recorría mi espalda yo
decidía que la escena montada por Benedetti era realmente desagradable.
¿Nunca les pasó? Seguro que sí. La explicación es sencilla. Uno trata de
comprometerse con el cuento o la novela que lee. Compenetrarse. Pasarla por el
cuerpo como quien dice. Pero el problema es que cuerpo no está en un
laboratorio mientras uno lee. Entonces también reacciona, se queja de las
sensaciones que las y los lectores le queremos transmitir. El trasfondo del
asunto es científico. Nada puede ser explicado por fuera de las relaciones que
lo constituyen. Así es que podemos tomar dos coronas iguales, mismos
materiales, mismo peso, mismo productor; pero no serán las mismas si una va a
la cabeza de un rey y otra a una casa de reliquias. Lo que les da significado
es la relación social, el contexto. Es ese contexto el que también le da
significado al capítulo (para el olvido) de la obra de Benedetti. Y es por ello
que hoy, cualquier teoría del arte asume que la obra artística no puede ser
considerada terminada cuando su productor la realiza, sino que quien la
completa es el espectador/a.
…
Esta semana estuvo signada en Venezuela por la segunda ola de atentados
eléctricos. Por la topografía de este país, la distribución de agua no suele
ser por gravedad, lo cual la hace dependiente de las bombas. Un corte de luz
es, entonces, un corte de agua. La ciudad de Caracas está estructurada en torno
al Metro. Un corte de luz es millones sin poder volver a su casa. Un corte de
luz es suspensión de clases, es dificultades en los hospitales. Es subir por la
escalera si vivís en un edificio, es cancelar el partidito que habías
organizado con tus amigas/os. Es no poder ir a ver a tu equipo a la cancha. Es
quedarte sin internet, sin poder ver el final de la serie que estabas siguiendo.
En un país en guerra económica, donde cuesta mucho conseguir efectivo, la
mayoría de las compras se hacen vía transacciones. Un corte de luz es un corte
en la capacidad de comprar. Ninguna de las cuestiones enumeradas son una
novedad, cualquier latinoamericano/a alguna vez las vivió. La novedad la
constituye la escala, la extensión, la profundidad.
20 de 23 Estados afectados. El 80% de la población. Ataques que, como
bien dijo Diosdado Cabello en su discurso de ayer, no reconocen ideología
política ni clase social. Golpean a chavistas y opositores, a ricos y a pobres.
A habitantes de barrios populares o de lujosos edificios. Un atentado eléctrico
te perturba por completo la cotidianeidad, te desordena, pone en riesgo tu
vida. Eso es la derecha.
…
La masiva movilización de ayer estuvo colmada de pueblo. Gente que esta
semana no pudo mandar a sus chamos/as al colegio. Que lleva ya seis días sin
agua. Que apenas está lavando los platos para no derrochar. Gente que caminó
kilómetros para ir a buscar la harina para las arepas a un lugar donde le fíen
porque “no hay punto” (pago con tarjeta). Gente que se levantó temprano para ir
a buscar agua en pesados bidones a un caño roto cerro arriba, agua que no es
potable, pero por lo menos para el baño. Gente a la que empujan a utilizar
todos sus minutos en la simple tarea de subsistir.
Luego de todo eso, de ese esfuerzo descomunal, con todo el cansancio físico
y psicológico; esa gente se fue para la movilización a defender a su gobierno
(la segunda en la semana). Fueron ahí, de a miles. Bailaban, cantaban, reían,
estaban felices. Entonces yo me di cuenta. Una corona no puede ser entendida
fuera de las relaciones que la constituyen. Un capítulo de una novela no puede
ser concebido independientemente de nuestras propias vivencias como
lectoras/es. Una movilización no puede ser apreciada sin comprender el contexto
en el que se desarrolla, las personas que la componen, sus historias, sus
vidas, sus años, sus meses, su semana.
Ahí, bajo el radiante sol de marzo, iban marchando miles de héroes y heroínas.
Tras la segunda ola de atentados eléctricos iniciada el pasado 25 de
marzo, el país se encuentra en calma. La unión cívico-militar controla Caracas.
Al tiempo que es sometido a un severo desgaste, el chavismo obtiene un significativo
saldo en aprendizaje. La nueva estrategia de la oposición derechista comandada
desde los Estados Unidos no logra enhebrar su fase actual de asedio con su
propósito final: voltear al gobierno.
La culebra se mata por la cabeza
(el atentado en Caracas)
En una ciudad como Caracas, estructurada social y económicamente en torno
al Metro subterráneo de acceso gratuito, el atentado eléctrico que se sucedió
el lunes aproximadamente a las 13.20hs, sin dudas genera un desorden de
dimensiones. Pero en función de la experiencia vivida semanas atrás con el
primer ataque, el pueblo venezolano llegó a este segundo golpe mejor preparado,
con una experiencia que lo dejó en condiciones superiores para afrontarlo.
También al gobierno lo encontró con sus planes de contingencia más aceitados. Tanto
en lo que hace al problema principal (ausencia de luz) como a sus derivados (falta
de agua, transporte, comunicación, etc.).
De inmediato, la unión cívico militar se sintió en las calles y dio por
tierra con cualquier intentona desestabilizadora. Los colectivos chavistas y la
FANB garantizaron un patrullaje permanente, al tiempo que colaboraron con la
logística necesaria que impuso la contingencia. El gobierno concentró todas sus
fuerzas en rehabilitar el servicio que había sido afectado en todo el país.
Hacia una estrategia de asedio
Los atentados eléctricos a los que el pueblo venezolano fue sometido
durante las últimas semanas, están enmarcados en la estrategia golpista que la
oposición (con su comando en Estados Unidos) ha desplegado tras el fracaso de
la iniciada el 23E. Recordemos que con la autoproclamación de Guaidó, la
derecha comenzó una ofensiva tendiente a quebrar
la unión cívico-militar. Dicha estrategia tenía su día D el 23F con el pretendido
ingreso de la “ayuda humanitaria”. Primero tragedia y después farsa, la
historia se encargó de dejar en ridículo a estos guerreros de cartón que terminaron
por estacionar su Caballo de Troya al otro lado del río.
Con el papelón a la vista de todo el mundo, Estados Unidos se vio
obligado a recalcular y formular una “estrategia
de asedio”, con el desgaste como búsqueda central. En ese marco deben ser
comprendidos el cierre del cerco económico con nuevas y leoninas sanciones, en
ese marco tienen que ser entendidos los atentados eléctricos. Generar hastío,
cansancio, escepticismo, desmoralización en la población. Dificultar su
cotidianeidad para, en definitiva, limar la legitimidad, popularidad y confiabilidad
del gobierno.
La estrategia de asedio y las
acciones terroristas
Tras el fracaso del 23F, Estados Unidos perdió terreno en las condiciones
para la intervención militar directa inmediata. Se debilitó su correlación de
fuerzas en la arena diplomática internacional (veto en el Consejo de seguridad
de la ONU, ratificación de línea no intervencionista de Europa, trabas en la
propia OEA, pasaje a línea no intervencionista de Argentina y Brasil, revés en
el disminuido Grupo de Lima, contundente apoyo de Rusia y China). El Partido
Demócrata de los Estados Unidos continúa haciendo pesar su oposición a tal
medida en el Congreso. Finalmente, no debe ser despreciado el carácter
disuasivo que asume la creciente colaboración de Rusia en la defensa militar de
Venezuela.
En ese marco y ante la evidente imposibilidad de quebrar la unidad
cívico-militar, es que recurrieron a financiar y entrenar grupos paramilitares
captados en Colombia, El Salvador, Guatemala y Honduras. Estas células
terroristas se enmarcan en la estrategia
de asedio, como carne de cañón para los atentados, asesinatos selectivos y
generación de caos. Resta ver su capacidad para proyectarse hacia una guerra de
tipo irregular.
El pasado sábado, el Ministro Jorge Rodríguez ofreció una conferencia de
prensa, en la que dio detalles sobre la naturaleza de los planes terroristas.
Planes que pudieron ser desmantelados, en parte, tras la detención de Roberto
Marrero como principal enlace entre el “Estado Mayor” de Guaidó y estos grupos
criminales.
Debilidades de la estrategia
derechista
No es claro cómo la oposición pretende hilvanar la fase actual de
desgaste con una eventual estocada final. En términos militares, pero también
políticos, un asedio es un momento transitorio. El mismo debe conducir o bien a
una rendición, o bien a una negociación o bien a un asalto final en mejores
condiciones que las existentes al inicio de la medida. No creerán que Nicolás
Maduro va a presentar su rendición ante la mera acumulación de ataques. ¿Negociar?
Han sido ellos mismos los que han eludido esa posibilidad, pues están en
marcada inferioridad de condiciones a nivel interno. ¿Un asalto final? ¿Cómo
sería?
El día de ayer, Juan Guaidó anunció un “Simulacro de la Operación
Libertad” para el 6 de abril. Casi una confesión, nunca el nombre de una acción
política describió tan bien su contenido. Juan Guaidó mismo es un simulacro, es
una teatralización mala que ya casi nadie se cree. Su propia base social
desconfía cada vez más de su sobreactuada discursiva. Una discursiva cargada de
infundado exitismo y sentencias grandilocuentes por doquier, análisis sesgados
que no pasan de expresiones de deseo. Lejos está la medida anunciada de poder
ser la virtuosa articulación entre la fase de desgaste y un eventual asalto al
poder.
Por otra parte, el tiempo asume, como tantas veces, una significación
dual y contradictoria en la estrategia de la oposición. Guaidó necesita tiempo
para desgastar a Maduro, pero ese tiempo es el mismo que día a día lima su
modesto capital político. Cada una de sus movilizaciones por el momento no se
traduce en la extensión de un hipotético acumulado. Por el contrario, las mismas
le redundan en desgaste propio al no estar acompañadas de resultados tangibles.
A modo de cierre
Si bien los atentados lo desgastan, el gobierno está fuerte. Continúa
ganando la calle y esté sábado se vislumbra una nueva y contundente
demostración de fuerza. La unión cívico-militar se templa con los golpes. El
pueblo acumula experiencia. Las FANB se foguean en la resolución de situaciones
adversas como un apagón de orden nacional. El enemigo no debe ser subestimado. La
oposición no logra constituirse como alternativa real a la crisis. Se pretenden
bomberos de los incendios que ellos mismos generan, se nota. En la política
interna, la correlación de fuerzas da un triunfo contundente al chavismo. Es en
el plano social y económico donde la derecha conserva la iniciativa y obliga al
gobierno de Maduro a ir “corriendo atrás de la pelota”. Teniendo que dar
respuestas, con distintos grados de eficiencia, cada día a un nuevo problema,
sin lograr la ansiada estabilidad.
Finalmente, el elemento distintivo de toda la situación, sigue siendo un pueblo consciente y movilizado. Un pueblo que le ha dicho al imperialismo: hasta que yo elija morir, vos no vas a poder matarme.