24 de marzo. Dictadura es una madre embarazada de cuatro meses, secuestrada, torturada, asesinada, lanzada al mar, para después su hija ser vendida a uno de sus verdugos. Dictadura son miles de familias desesperadas esperando a un hijo o una hermana que hace semanas no aparece. Dictadura son cientos de Centros Clandestinos de Detención equipados para la tortura y la muerte.

Tuve la suerte de conocer fervientes opositores al gobierno de Nicolás Maduro. Los/as escuché con mucha atención. Me han dicho que el 95% de la población está contra el chavismo. Me han reeditado un mensaje que en Argentina tenemos bien estudiado: sólo son chavistas quienes no pudieron acceder a estudios. Civilización o Barbarie un poroto, Domingo Faustino Sarmiento a la orden del día. Sin registrar la evidente contradicción, reivindicaron los linchamientos a “estudiantes pobres” en las universidades públicas a las que, antes del gobierno de Hugo Chávez, no podían acceder.
Hablaban así, sueltos de cuerpo. Insultaban al Presidente y hasta lo amenazaban de muerte en la vía pública. Participaban puntualmente de todas las movilizaciones de la oposición, hasta reconocían que “una que otra piedra habían tirado”. Se sentían identificados con un don nadie que se hacía llamar presidente ¡y se autoproclamaba en una plaza! Un tipo que se iba del país y volvía por el aeropuerto sellando pasaporte. Pero la idea que más impacto me generó fue la de: “estamos viviendo la dictadura más atroz que ha visto el continente en décadas”.
Dictadura en Venezuela. Nuestro amigo seguro lo diga por ignorancia. Por bronca mal procesada. Quizá esté insatisfecho con su estatus ciudadano y se vaya de boca. No es sólo él. También están aquellos/as que podríamos denominar olvidadizas, colonizados culturalmente. Pseudo-progres que en Argentina abundan y a los que nos les cuesta nada asumir la agenda que les impone el Departamento de Estado. En un tercer lugar, tenemos a los grandes medios de comunicación. Esos que juegan políticamente. Esos que enfrenten a toda aquella o aquel mandatario que se digne a sencillamente no regalar la soberanía. Aplican descaradamente esa máxima atribuida a Joseph Goebbels: “miente, miente, que algo queda”.
Con mayor o menor cinismo, los/as representantes de los tres grupos mencionados están equivocados. Los latinoamericanos tenemos las venas abiertas de dolor y memoria. No nos pueden engañar tan fácilmente. Somos parte de un continente al que Estados Unidos ha regado de sangre con decenas de invasiones y golpes militares. Pero todo ello no ha ocurrido en vano. Nos ha dejado un saldo. Nos ha dejado callos. Heridas que han cicatrizado en forma de incorruptible memoria.
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Dictadura son miles de madres no sabiendo a quién recurrir para buscar a sus hijos/as. Dictadura es un médico en la sala de tortura, controlando que al torturador “no se le vaya la mano” con la picana y los golpes, para que el secuestrado no muera y pueda largar la información.
Pero la dictadura en Argentina también es la posibilidad de que nuevas generaciones se incorporen a la lucha de los/as de abajo. Somos miles los que a la primera movilización que fuimos fue un 24 de marzo. Es una puerta de entrada al compromiso, al ejercicio de la memoria colectiva, a la crítica, a la reflexión, a la militancia.
Venezuela es democracia. Venezuela es participación del pueblo. Venezuela es soberanía, es dignidad.
No nos van a confundir.
Dictadura son 30.000 detenidxs desaparecidxs, presentes!
Caracas, 24 de marzo de 2019




