¿QUÉ TE AVERGÜENZA?

17 de diciembre de 2019

¿Sos de izquierda y te fascina Piazzolla? ¿Sos gorila pero en tu intimidad admiras a Messi? ¿Sos feminista y amas al Diego? ¿Sos trotsko pero te sabes de memoria todos los discursos de Fidel? ¿Sos de River y te la pasas viendo videítos de Román?

Foto IG: @santi.simonetti

A principios de los ’60, un Borges entrado en años y ya perdiendo la vista, dedica su célebre libro de cuentos “El hacedor” a Leopoldo Lugones. El gesto me llamó la atención. Seamos sinceros/as, no siempre leemos las dedicatorias. Pero en esta ocasión algo me seducía a hacerlo, en mi cruda ignorancia no me hacía contemporáneos al agasajador y el agasajado. Pero, por lo demás, me disponía a recibir la información como uno recibe la vida misma, sin indagar demasiado en su veracidad o falsedad.

En los primeros párrafos, el autor nos describe cómo él mismo se dirigió al despacho del viejo dramaturgo y le acercó un ejemplar de su nuevo trabajo, ocasión en la que intercambiaron cordiales palabras. Es en ese mismo momento que Borges nos para en seco: “En este punto se deshace mi sueño, como el agua en el agua. La vasta Biblioteca que me rodea está en la calle México, no en la calle Rodríguez Peña, y usted, Lugones, se mató a principios del treinta y ocho. Mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imposible. Así será (me digo) pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos y de algún modo será justo afirmar que yo le he traído este libro y que usted lo ha aceptado.”

Borges escribió una dedicatoria que sólo tendría pleno efecto cientos de años después de su muerte, cuando la acción del tiempo confunda definitivamente los tiempos (redundancia mediante). ¿Es posible contrabandear de ese modo la belleza en una simple dedicatoria?

Una vez el Che dijo algo así como que el arte burgués es una mierda. Fernández Retamar, quien en ese entonces fuera el Director de la Casa de las Américas, le respondió con una famosa carta que nunca llegaría a su destinatario, pues el Che empezaba su largo viaje en el que encontraría la muerte (o algo parecido a la muerte, pero distinto). En su carta Roberto lo cuestionaba. A la cultura burguesa hay que superarla –decía– y superar en términos hegelianos significa “negar y absorber”. Negar lo malo, absorber lo bueno, superar. Para argumentar utilizaba una metáfora icónica: “no hay que tirar al niño con el agua sucia”. El arte burgués ha hecho cosas maravillosas.

Hoy a la mañana un amigo me reenvió un poema de Borges. Me conmovió de modo muy profundo, me desestructuró el día, pintó de otro color toda mi rutina laboral, en cada hueco de la misma pensé en esos pocos párrafos que mi amigo había vuelto a poner delante de mis ojos. Rememoré la dedicatoria al Hacedor que más arriba reseñé. Supe que Borges hacía de este mundo un lugar mejor, quizá muy a su pesar. Recordé que fue funcionario de la libertadora. Apoyó a los golpistas que bombardearon la plaza de mayo, a esos que tanto mal le han hecho a nuestro país. Repuse en mi mente aquellos viejos dilemas, la discusión entre el padre Mugica y Cortázar, el intercambio entre Retamar y el Che (me volví a posicionar con el primero). Superar es negar y absorber, pensé.

En fin. Vergüenza es ser facho. Lean a Borges, enfrenten a la derecha.

NO ES POCA COSA

11 de diciembre de 2019

“¿Quién es este, Ma?”. Era bien chiquito cuando le hice esa pregunta a mi vieja a los pies del monumento a Julio Argentino Roca. Según cuenta la microhistoria familiar, íbamos caminando por Diagonal Sur, cerca de Plaza de Mayo y me topé con esa imponente escultura que despertó el interrogante, ella me contestó, es Roca, dijo. “¿Y por qué le hacen una estatua a este que vos decís que es un hijo de re mil puta?”, repregunté yo con no poca ingenuidad.

Odio los semáforos, los padezco. Quizá sea por eso que me gustan tanto las movilizaciones, su color, las imágenes que producen. Ahí los semáforos están doblegados, giran en falso, nadie les da bola. Su rol es meramente decorativo. Incapaces de imponer el ritmo de circulación, se limitan a teñir la situación cada treinta o cuarenta segundos.

Ayer caminaba por plaza de mayo, la gente llevaba sus pancartas, cualquiera proponía una canción, los semáforos giraban en falso, tensión en la cola del chino pues sólo dejaba pasar de a dos, discusiones sobre política económica por todas partes, las vendedoras en la calle juraban que su cerveza estaba helada. Muchas sonrisas, un montón. Sensación de desahogo. Por fin se fue. Muchísimos contentos porque vuelve Cristina, muchas porque vino Alberto, algunos solamente porque se fue Macri. Pero todxs contentxs y juntxs.

La gente estaba repleta de expectativas. Ya surgen los agentes moderadores que las quieren limitar. Sin expectativas no hay esperanza, sin esperanza no hay pelea, sin pelea no hay futuro. Debo confesar que le tengo escasa fe al Albert. Pero le tengo poderosa fe a este pueblo, confío en que no se va limitar a la alegría que nos produce la derrota de Macri y va a trabajar porque sus expectativas se hagan realidad. Caiga quien caiga.

Ese niño proyectaba a su familia como una maqueta de la sociedad. Si mi vieja dice que este es malo, entonces todo el mundo debiera saber que es malo. Claro que no es así, la historia la escriben los que ganan, aprendí. ¿Cuándo le vamos a bajar el monumento a este me pregunté alguna vez? Bueno, será que para escribir la historia primero hay que ganar.

Todavía no ganamos, pero ayer se fue Macri, no es poca cosa.

HISTORIAS MÍNIMAS

15 de noviembre de 2019

Foto de IG: santi.simonetti

Durante el día había hecho mucho calor. Cuando el sol finalmente se nos escapó y ya no quedaba su rastro en ningún cielo anaranjado, llegué al lugar donde tocaba Juanma Otero, un gran músico oriundo del amado conurbano bonaerense (siempre sur, donde no estará el agite, pero sí la belleza). A pocas personas les escapa que la noche tras un día caluroso es el escenario más propicio a los recuerdos felices. Me encontré con unxs amigxs. La cita era al aire libre, mejor. La luna estaba casi llena y habría salido hace menos de una hora, este detalle la volvía más grande. Ilusión óptica, claro. Su cercanía con referencias mensurables por nuestros ojos urbanos (edificios, árboles) genera esa sensación de acrecentamiento. Pero qué más da, a los fines que nos competen, el hecho que hubiera salido hace poquito, volvía más grande a la luna. La cerveza estaba particularmente fría. La gente traía sus reposeras, sus mantas, sus ganas y seguro que también sus miedos.

Interrumpí a mis amigxs mientras discutían acaloradamente sobre la naturaleza de las anécdotas. Cuando uno relata algo que le pasó suele modificar aspectos, exagerar algunas cuestiones, omitir otras, etc. ¿Está bien? ¿Está mal? ¿Qué pasa con eso? Él, de formación cristiana y familia conservadora, no podía comprender que se abale semejante cosa, en su cabeza eso equivalía sencillamente a la mentira. Ella, liberal pero no tanto, era un poco más flexible, será por la cercanía con esos abuelos que “bajaron de los barcos”. En el fondo intuía, quizá, que condenar la ligera modificación de relatos podía derribar el precioso anecdotario familiar.

En lo que a mí compete, la posición es radical. No sólo no me parece repudiable que las historias se falseen, sino que me parece deseable. Será porque en definitiva pienso que el contar anécdotas es una disciplina más cercana a la literatura que a la historia. Considero que en eso se basa el éxito de Hernán Casciari y todos los grandes contadores de anécdotas. Sospecho que sus vidas no son necesariamente más espectaculares que las nuestras. Ellos las ordenan mejor en su recuerdo. Los contadores omiten cosas: “no quedaba más iluminación que la de la noche” (en verdad había un foquito horrible de luz fría). Maximizan detalles: “la parte quemada del cigarrillo resplandecía en la oscuridad”. Fusionan historias: como ese día estaba nublado, toman el cielo de otro recuerdo. Modifican tiempos: “estuve, no te jodo, 45’ esperando”. Alteran distancias: “la carpa estaba a dos metros del río”. Intercambian personajes. Y así. Cuentan con un arsenal inagotable de recursos para mejorar las historias.

Todas tenemos un contador o una contadora en nuestro círculo de amistad. Todos lo somos en potencia. Ellas no atentan contra la esencia de las anécdotas, nada de eso. Revalorizan nuestras propias vivencias. Nosotros, cómplices, callamos cuando notamos la exageración. Ellos viven de licencia, de licencia poética. No mienten, decoran, embellecen. Son poetas populares. Son predicadoras de un realismo mágico silvestre. Dan sentido a las historias mínimas. Viven en una realidad ampliada, ampliada por su fantasía hermosa. Hacen de este mundo un lugar mejor. Algunas toman minuciosamente decisiones a la hora de ordenar sus recuerdos. Otros, los mejores, directamente no falsean nada, sencillamente recuerdan mal.

Ahora saben qué pienso de las anécdotas. El que avisa no traiciona. A decir verdad, no recuerdo si ese día había luna llena.

NUNCA ES NUNCA. NUNCA MÁS ES NUNCA MÁS

11 de noviembre de 2019

Sería por junio del 2003. Yo tenía unos catorce años. El profesor simuló que ponía un arma sobre la mesa: “Se comenta que los chicos de 9no se portan mal, pero conmigo se portan excelente” nos dijo. Como persona promedio, recuerdo poquísimas cosas de mi estadía como estudiante primario/secundario. Las menos asociadas a conocimientos adquiridos, las más a amistades, pequeñas rebeldías, ilícitas rupturas de la cotidianeidad. Pero sí me acuerdo de ese día. Con ese profesor estábamos estudiando todas las presidencias argentinas. Llegábamos a 1976, golpe de Estado, otra vez golpe de Estado.

La historia me conmovió, la madre de un amigo del barrio me prestó el libro Nunca más. Lo leí y me angustié. Mi profesor decía que él creía que eso no podía volver a pasar. Yo le preguntaba a mis viejos ¿ustedes creen que puede volver a pasar? Me acuerdo la empatía que sentí con los perseguidos y perseguidas, sin conocer en ese entonces su causa. Mi sensación era de cuento de terror, una realidad sin salida, no podes ir a la policía, no podes ir a la fiscalía, no podes ir a la iglesia, no podes ir a ningún lado, los medios no dicen nada. Me angustiaba. Nunca más, se decía. Nunca más. Un compromiso.

Ayer renunciaba el presidente de la cámara de diputados de Bolivia, tenían secuestrada a su hermana. Prendieron fuego la casa de la familia de Evo Morales. Tomaron el canal del Estado, esposaron al director a un árbol. Prendieron fuego una alcaldía, humillaron y torturaron a la alcaldesa a la luz del día, públicamente, frente a las cámaras. Se meten con las familias. Códigos de la mafia, códigos del fascismo. A la casa de gobierno entró un miserable que no recibió ni un solo voto, no es que recibió pocos, no recibió ninguno. Lo primero que hizo es bajar la wiphala, traía una biblia, cinco siglos igual.

Por la noche escuchaba el audio de una compañera boliviana, hablaba apurada, lloraba, decía que “los tenían a todos fichados”, que estaban entrando a las casas, que se iban a tener que guardar por unos días, no sabía dónde. Después el audio de una empleada de la embajada venezolana en Bolivia, hablaba rápido, pedía ¿ayuda?, estaban tomando la embajada, dinamita en mano.

No podes ir a la policía, no podes ir a la fiscalía, no podes ir a la iglesia, no podes ir a ningún lado, los medios no dicen nada. Dijimos nunca más, no cumplimos. Fallamos. Mi profesor se equivocó. Me duele, me angustia, me desgarra esta normalidad. Me carcome que nuestras respuestas sean marchas, tweets y comunicados, bienvenidas todas estas herramientas. Nadie es culpable, porque todos lo somos. Pero por lo menos aflojemos de una vez con eso de querer cerrar la grieta. Nos torturan, nos matan, nos secuestran, eso es lo que hacen. Y sólo lo dejan de hacer cuando nosotros dejamos de ser una amenaza para sus intereses de minoría despreciable, y dejamos de ser una amenaza porque nos torturan en masa, nos matan y nos secuestran. La rueda seguirá así hasta que no nos metamos con lo que más quieren, no con sus familias (ni somos tan miserables, ni las quieren tanto): con sus bancos, con sus campos, con sus grandes industrias, con sus privilegios nunca blanco de ajustes, con quiénes los cuidan, los medios, la justicia y los milicos. Sólo así podremos gritar para siempre NUNCA MÁS.

Hoy es un día triste, pero tengo una descontrolada fe en el futuro, tengo una descontrolada esperanza en los pueblos. Creo que vamos a aprender, vamos a salir mejores y tarde o temprano vamos a ganar. Estoy convencido, el fascismo no conocerá la paz en América Latina.

Fuerza Pueblo boliviano
Fuerza Evo
Un fuerte abrazo al queridísimo Marco Teruggi que está allá, siempre en la primera línea.

NADIE ES CAPAZ DE MATARTE EN MI ALMA

4 de noviembre de 2019

Cuando era chico tenía curiosidad por ir a un cementerio. Mi viejo me iba a llevar al de Ezpeleta, cerca de casa, pero siempre suspendíamos por una u otra razón. Es cierto, no era súper tentador. Con los años fui conociendo otros, pero ese no. Como si el universo conspirara para darle color a estos relatos, juro que esa mañana de febrero llovía un montón. Es que, finalmente conocí el cementerio de Ezpeleta llevando el cajón de mi amigo Deli. Mi curiosidad se saldó de la manera más horrible. Por las dudas no dejen cuentas pendientes. Si efectivamente existiera un ser superior que lo rige todo, es un sádico.

Esto ya lo conté, pero a los días del accidente de mi amigo, me empezó a atormentar una idea. Me acechaba la sensación de que el mundo se empezaba a alejar de él, minuto a minuto. Que el primer otoño sin Deli, que el primer fulbito sin Deli, que el primer cumpleaños sin Deli, que el primer hijo de una amiga sin Deli, y así.

Me acordé de un cuento de Borges, borrosamente retenía un pasaje que hablaba de esa idea. En su momento lo había leído sin el cuerpo embebido en la angustiosa experiencia de un ser querido fallecido, con lo cual esa lectura estaba incompleta. No recordaba qué cuento era, pero sí en qué libro estaba, el Aleph. Una noche decidí buscarlo. Primer cuento: ‘El inmortal’. “Debe ser este -me dije- el título remite a la muerte.” No era. Segundo: ‘El muerto’. “Ahora sí, con ese nombre”. No era. El tercero no lo pude saltear tampoco, pues ‘los teólogos’ también tocaba la cuestión. Seguí, cuento a cuento, no pude saltear ninguno, todos hablaban de la muerte. ‘Emma Zunz’, ‘La otra muerte’, ‘Deutsches requiem’. Terminaba cada párrafo seguro de que en el siguiente aparecería lo que estaba buscando. Nada, las páginas corrían y nada.

En esa dinámica llegué al último cuento. El Aleph. Primer párrafo: “La candente mañana de febrero en que Beatriz Vierbo murió, (…) noté que las carteleras de fierro de Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.” Ahí estaba. Último cuento, primer párrafo. Era eso. Esos cambios que me dolían, el fulbito, el cumpleaños, eran los primeros de una serie infinita. El incesante y vasto universo comenzaba a apartarse de Deli, minuto a minuto, segundo a segundo.

Esa noche fui a buscar un párrafo y terminé releyendo un libro entero. Compenetrado con cada oración, con cada palabra. El Aleph es un libro de cuentos que tratan la temática de la muerte. Hasta ese día no lo sabía, de haber estado mi tan buscado párrafo en el primer cuento (o en el cuarto), tampoco lo habría descubierto. Estaba en el último, primer párrafo. El mundo conspira misteriosamente a favor de la belleza, única Diosa en la que creo.

Amigo, estos últimos meses estuve extrañándote un poco más de lo normal. Hoy es cuatro lluvioso y otra vez no estas. Pero vos sabes cómo somos, no nacimos para ser vencidos. Con el Indio, y con no poca vanidad, me consuelo: nadie es capaz, no pueden borrar mis recuerdos, nadie es capaz de matarte en mi alma.

Para adelante, siempre.

MACRI SE VA: TRIUNFO POPULAR PARA AMÉRICA LATINA

29 de octubre de 2019

Matías Pacheco, Federico Chimonetti

[Colaboración para la CRBZ de Venezuela]

En las elecciones presidenciales de Argentina, la derecha encarnada en la formula Macri-Pichetto terminó por ser derrotada en primera vuelta por poco menos de ocho puntos porcentuales. Se impuso el Frente de Todos que llevaba a Alberto Fernández como candidato a Presidente y a Cristina Fernández como candidata a Vice. Cientos de miles festejaban en las calles de Buenos Aires hasta entrada la noche la derrota electoral de la derecha y su proyecto neoliberal, principal vehículo de los intereses norteamericanos en el país del sur.

Otro golpe a la contraofensiva neoliberal

La contraofensiva derechista al avance de los pueblos tras las heroicas rebeliones anti-neoliberales de fines/principios de siglo, está sufriendo un verdadero golpe en toda América Latina. El estallido social que en Chile jaquea al que hasta hace poco fuera el principal ejemplo que las distintas derechas levantaban en nuestros países, las fuertes movilizaciones en Ecuador y Haití contra el FMI, la ratificación electoral de Evo en Bolivia, la inestabilidad de Bolsonaro en Brasil, la resistencia del gobierno bolivariano en Venezuela al golpismo del imperialismo yanqui, las contundentes marchas en Uruguay contra la Reforma represiva de seguridad y su derrota electoral en el plebiscito, los golpes electorales en contra del uribismo en Colombia, son algunos de los testimonios del retroceso de dicho modelo. En Argentina, las movilizaciones de fines de 2017 contra le reforma previsional neoliberal, hirieron de muerte al proyecto de Cambiemos, los resultados de ayer no son más que la coronación electoral de aquel triunfo popular callejero.

El pueblo argentino se suma a la resistencia anti-neoliberal continental con un importantísimo capítulo. Mauricio Macri era el principal caballito de batalla del imperialismo yanqui (préstamo de 50 mil millones de dólares del FMI) y ayer fue derrotado en primera vuelta. La supuesta apertura de un ciclo derechista en Nuestramérica cruje al calor de la movilización popular, la misma demostró no ser más que una expresión de deseo de los publicistas del imperio.

La derecha y una recomposición inquietante

Dicho lo anterior, es preciso señalar que la candidatura de Macri ha conseguido una inquietante recomposición entre las elecciones primarias de agosto y las definitivas de ayer. En aquellas, la fórmula Fernández-Fernández se imponía por 18 puntos; en éstas, la brecha se redujo a menos de diez puntos. La fórmula oficialista abandona la Casa Rosada con una elección de 40% y una base social que durante las últimas semanas ocupó las calles como no lo había hecho durante estos años.

El balance nos arroja que el triunfo en Argentina no es sinónimo de un golpe definitivo, o al menos duradero, a la fracción más agresiva del capital, cuestión que creíamos posible tras las primarias de agosto. A pesar de la catástrofe social y económica que propició, a pesar de la gestión de saqueo que promovió, el macrismo seguirá siendo el principal actor de la oposición. Con los números de ayer, el Frente de Todos y Juntos por el cambio tendrán paridad en la Cámara de Diputados de la Nación (120 a 119), siendo grande la ventaja del gobierno entrante en la Cámara de Senadores (37 a 29).

Con el insoslayable apoyo de los grandes medios de comunicación, el macrismo se ha recompuesto radicalizando su discurso antipopular y la polarización en torno al mismo. En los próximos años buscará afianzarse una derecha social con capacidad de movilización que ha dado cuenta de existir, profundamente xenófoba, clasista y anti-derechos.

Es vox populi que Macri mostró ser un gobierno absolutamente inviable, propios y ajenos lo reconocen. Así y todo se recuperó fuertemente en una elección ideologizada contra “los populismos” de América Latina. En definitiva, una porción importantísima de nuestros pueblos sigue colonizada por un ideario profundamente antipopular. Cómo construir mayorías en este marco no deja de ser un interrogante estratégico de primerísimo orden para las fuerzas de izquierda.

La necesidad y principalmente el desafío de construir mayorías en torno a proyectos de cambios profundos, radicales, con el empuje popular necesario, no es una problemática únicamente Argentina, es un síntoma de la región en los nuevos vientos que soplan. Las victorias populares no pueden limitarse únicamente a derrotar a los representantes políticos del neoliberalismo temporalmente.

Una transición cargada de significación

Los próximos meses se jugarán batallas decisivas. Argentina se encuentra al borde del default. La relación deuda PBI supera el 90% y el Banco Central está prácticamente quebrado. El grueso del préstamo del FMI ya se ha fugado. Vía devaluaciones e inflación el mercado ha logrado que el grueso de la crisis la pague el pueblo. Dicho proceso se agravará en los próximos días. El gobierno anuncia ineludibles restricciones cambiarias para mostrarse responsable y cuidar el caudal electoral conquistado.

Es fundamental que el pueblo argentino no ingrese al nuevo ciclo con una derrota a cuestas, con un empeoramiento aún mayor de su situación social. Es por ello que adquiere importancia central todo pliego reivindicativo que ponga un freno a una profundización del ajuste vía degradación del salario y disolución de la moneda. Para ello será vital la movilización popular para coronar en el terreno social la victoria electoral.

Sostener y desarrollar las expectativas

El triunfo de la fórmula Fernández-Fernández ha generado una enorme expectativa popular que no hay que abandonar, es preciso apuntalarla y desarrollarla. Chávez y Evo nos han enseñado que los triunfos sobre el imperialismo y el derecho a ejercer la soberanía, no se conquistan a pesar de la movilización, sino precisamente gracias a ella. En este sentido, los llamados a abandonar las calles que protagoniza el presidente electo Alberto Fernández, no colaboran con el despliegue de fuerzas que se requiere para derrotar los planes del neoliberalismo, expectativa central del electorado que se volcó masivamente contra Macri en las jornadas de ayer.

El gobierno de Alberto llegará fuertemente condicionado por derecha y encabezando un frente político muy heterogéneo. Una vez más, será el movimiento popular, su claridad y su capacidad de movilización quien terminará por definir el rumbo de esta historia.

Se sumó un nuevo capítulo a la batalla que los pueblos latinoamericanos desarrollan en contra del neoliberalismo en la región. Cambiar todo lo que deba ser cambiado. Chile, Ecuador, Haití, Honduras, Argentina, Bolivia, Venezuela, Cuba, distintos países, distintos modelos, un mismo enemigo. La región da un nuevo paso en defensa de su futuro.

¡Viva la lucha del pueblo argentino! ¡Viva la lucha de los pueblos de América Latina!

LA HISTORIA ES NUESTRA Y LA HACEN LOS PUEBLOS

26 de octubre 2019

Foto: IG @su_hidalgo

I

«Amigos míos: Seguramente ésta es la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes». Así comenzaba su último discurso Salvador Allende. Imaginate ese momento. Cercado por los milicos. En un Palacio de Gobierno bombardeado. Se cuentan de a cientos los muertos en la calle. Agarras el AK-47 que te regaló Fidel pero, digámoslo, no sos muy ducho con esto de las armas. Te ponés un casco, qué se yo. Te invitan a rendirte, pero esa opción no aparece en tus parámetros de conducta. Por algún motivo no aparece, será Dios, tu ADN, la estimulación temprana, quién sabe. Es cuestión de tiempo. Tenés la posibilidad de dar un discurso por radio ¿Qué dirías?

II

¿Vieron que todos los voceros de la derecha en Argentina venían hablando del modelo chileno? ¿Se acuerdan? Hasta Javier Milei, hace unas semanas nomás, le sugería a la juventud hastiada de la Argentina que cruce la cordillera. Parece una joda, pero no, es así. El guionista de la historia grande se toma todo tipo de licencias poéticas para hacer más pintoresco este mundo.

Cuando yo era adolescente me dio por leer a Marx. Se lo comenté a mi vieja y una amiga de ella me regaló algunos libros. Recuerdo los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 y uno del queridísimo Armando Hart. Las primeras impresiones suelen sobrevivir a la persistente labor del olvido. Este viejo alemán decía: el desarrollo del capitalismo genera concentración económica, polarización social y desigualdad. Yo dije «Chau! ¿O sea que cuando ‘la sociedad’ va bien, nosotros vamos mal? ¡Qué locura!» ¿Será que sí?

Chile efectivamente venía creciendo hace muchos años ¿Y qué pasó? Eso que circula por todos lados, el 1% más rico concentra el 33% de la riqueza. ¿Por qué? Porque el desarrollo capitalista genera concentración económica, polarización social y desigualdad. Ahí lo tenés. En nuestro continente siempre fue así. Si el capitalismo quiere ser copado, no salvaje, ¡humano! (pasamos de eufemismos a verdaderos oximorones), no crece sostenidamente, va de pantano en pantano. Pero si crece lo hace a costa de la más cruda explotación.

¡No sean idealistas! No me digan que ya no estaría siendo hora de superar este sistema de mierda.

III

Hace 46 años Pinochet bombardeaba y cercaba el Palacio de Gobierno. Su dictadura aniquilaría entre tortura y asesinato los sueños de transformación de toda una generación. Hace 30 años Pinochet habiendo ganado la guerra inauguraba la paz, una democracia maniatada que hoy cruje y se desmorona al calor del estallido social. La movilización de ayer en Chile cambió para siempre la historia de ese país. No lo hizo ninguna negociación parlamentaria, ningún lúcido político progresista.

No sé qué hubieras dicho vos en esos últimos minutos de radio de haberte encontrado cercado en la Moneda un momento antes de ser asesinado/a por una banda de cagones. La verdad es que tampoco sé que hubiera dicho yo. Sólo te puedo decir lo que dijo Salvador Allende: la historia es nuestra… y la hacen los pueblos.

Creo que tenía razón.

Fuera Piñera!
Aguante el pueblo chileno!

EL MOTOR DE LA HISTORIA

21 de octubre 2019

Siempre el mismo, siempre el motor de la historia. Muchos papers, muchas conclusiones apresuradas, muchos libros progre llorando una supuesta nueva hegemonía neoliberal, muchas teorías sobre no sé qué nuevo ciclo derechista, mucho Durán Barba, mucho marketing político, mucho focus group, mucho electoralismo, mucha corrección política, mucho candidato cheto, bien parecido a nuestros verdugos. Mucho realismo, demasiado realismo.

¿Cuánto medía en las últimas encuestas el pueblo chileno? ¿Llegaba al ballotage? ¿Los estudiantes secundarios se presentaban en la interna o iban por fuera? ¿Y en Ecuador? ¿Los pueblos originarios participaron del debate presidencial? ¿Acaso Lenin Moreno los señaló demasiado con el dedo y se sintieron zarpados?

Siempre la lucha de clases. Siempre la lucha de calles. Esa enorme locomotora sigue intacta. América Latina despierta. Macri ya fue. Pero nunca olvidemos, nunca jamás olvidemos, que si el domingo el macrismo termina finalmente contra el piso, es porque fue herido de muerte en diciembre de 2017, en esa multitudinaria movilización que bloqueó las reformas estructurales y ahogó al proyecto, en ese mar de piedrazos y cacerolazos.

Desconfía siempre de los que te quieran sacar de la calle.

Aguanten los pueblos de América Latina!!

PARA ADELANTE, SIEMPRE

20 de octubre 2019

Mi mamá es la persona más optimista del mundo. Tiene una increíble capacidad para encontrarle el lado bueno a las cosas, incluso a las que claramente no lo tienen. Si nos íbamos de vacaciones y nos llovía todos los días, ella quizá planteaba que estaba bueno porque ahora íbamos a jugar a los juegos que siempre llevábamos y nunca usábamos. Si se moría la gata, ella decía que mejor que se había muerto ahora, pues si ya era muy viejita la iba a pasar mal. Si se nos pinchaba la bici a veinte cuadras de casa, ella decía que qué suerte que se te pinchó ahí, imagínate si te pasaba a cuarenta cuadras. Lo sorprendente es que no nos decía que las cosas no eran tan malas ¡nos decía que eran buenas!

Cuando se murió mi amigo Deli yo dije ya está, te cagué, ahora te quiero ver con tu optimismo. Primero sólo me abrazó y lloró conmigo. Pensé que las circunstancias la habían dejado sin palabras. Me equivocaba. “Quedate tranquilo, que esto es lo peor que te va a pasar en tu vida”, me dijo. Así. “Quedate tranquilo, que esto es lo peor que te va a pasar en tu vida.” De acá para arriba, pensé. De acá para adelante.

Te extrañamos, amigo.

CADA CUAL TIENE SU DIOS

Borges creó una biblioteca infinita, sus libros albergaban todas las combinaciones de letras posibles. Así es que uno podía encontrar el Quijote de Cervantes, pero también el Quijote de Cervantes con una falta de ortografía, y así.
¿Estará en la biblioteca de Borges esta noche espantosa? ¿Estará acaso este escrito en la biblioteca de Borges? ¿Encontraría allí lo que haré mañana? ¿Y lo que haré pasado? ¿O hallaré allí todas las combinaciones posibles de acciones a realizar? ¿Podré elegir? ¿Me elijen? ¿Eso también está escrito?

¿Estarán en la biblioteca de Borges los discos que Cobain habría escrito de no haberse pegado un tiro en la cabeza? ¿Estará resumida la historia de la música de no haber Chapman llegado al fatídico encuentro con Lennon? ¿Estará acaso la versión de Historia del siglo XX de Hobsbawm con Lenin vivo más allá del ‘24? ¿Estará la biografía de Beethoven nacido en la 1-11-14?

¿Estará en la biblioteca de Borges la canción que no te escribí? ¿Todos sus borradores? ¿El verso al que no me animé? ¿Estarán ahí todas las cosas que pensamos y no hicimos? ¿Estará ahí aquella versión de nosotros sin miedo?

Cuando las cosas cuestan y no salen, yo imagino que en una noche sin luna, tormentosa y anegada de ensordecedores truenos, un bibliotecario a quien no le faltaba el don de la audacia, superó los estrictos controles de seguridad de la biblioteca de Borges y se robó un libro, o tachó un capítulo, o arrancó algunas hojas. No es un pensamiento libre de dudas el que me aqueja, pero siempre termino por convencerme. “Sí, seguro debe ser eso”, me digo. Cada cual tiene su Dios.